Presos de su condición
Gente que está caminando en la calle es parada, retenida y a veces detenida por su apariencia.
Imagen: Gentileza Olmo Calvo Rodríguez (SUBCOOP).
El Mundo › La policía española detiene a inmigrantes por su aspecto físico
Las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos, entre otros colectivos, denuncian las redadas policiales. Los operativos se realizan en calles, parques, estaciones de subterráneo o en cercanías de consulados y embajadas.
Desvelada por la crisis económica, España asiste impasible a una película donde la discriminación se despliega con descaro. Por su aspecto físico, decenas de inmigrantes son detenidos a diario por la policía nacional. En cada redada racista, hombres y mujeres deben esgrimir sus argumentos –papeles de residencia en mano– para permanecer en el país. La Dirección General de la Policía española reconoció esta semana que era improcedente trasladar a dependencias policiales a quienes se hayan identificado correctamente. La delegada del gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes, se sumó al debate. “Os recuerdo una noticia de marzo: Cifuentes anima a avisar de las ‘redadas racistas’ tras dar órdenes para eliminarlas ow.ly/1MwNh2”, escribió la funcionaria el lunes en Twitter (@ccifuentes). A pesar del pedido de Cifuentes y de su esmero por cargar las culpas en los anteriores ministros del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba y Antonio Camacho, nada cambió. Las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos (Bvodh), entre otros colectivos, siguen denunciando las razzias policiales. Página/12 conversó con inmigrantes y activistas de derechos humanos sobre el hostigamiento a los extranjeros en la Península Ibérica.
Según el último Anuario Estadístico del Ministerio del Interior español, la policía hizo 7.102.059 identificaciones en 2010. Poco más de un millón fueron en la capital española. En el informe “Controles de identidad racistas en Madrid”, Bvodh (@BrigadasDDHH) caracteriza las detenciones: “Cuando nos referimos a redadas describimos una actuación de la policía planificada, donde el espacio se limita y se controla la movilidad de las personas para proceder a su identificación”. Los operativos policiales se realizan en calles o parques, estaciones de subterráneo o en cercanías de consulados y embajadas. También en lugares de reunión, locutorios o centros de salud. Las Bvodh surgieron en 2009 en respuesta a las políticas discriminatorias en Madrid. “Gente que estaba en la plaza, iba a trabajar o de compras, era parada, identificada, retenida y a veces detenida por su aspecto físico”, señala la argentina Malena Becerra, que ingresó a las brigadas en 2010.
“Eso genera una criminalización de ciertos grupos sociales, además de ser un ataque a la dignidad de las personas, a los principios de igualdad, libre circulación y no discriminación”, amplía. El primer grupo se formó en Aluche, donde actualmente funciona uno de los nueve Centros de Internamiento para Extranjeros de España (ver recuadro). Becerra dice que a pesar de que el gobierno (de Mariano Rajoy) declaró que iba a detenerlas, las redadas siguen siendo una práctica sistemática en las calles madrileñas. “Además de los controles de identidad que hemos presenciado, durante este año hemos recibido cerca de 400 avisos de vecinas y vecinos”, cuantifica y señala que las detenciones no se dan únicamente en el barrio Lavapiés: Usera, Pacífico, Moncloa, Legazpi, Avenida de América y Diego de León completan el mapa de las razzias. Para la activista, el problema de las identificaciones no es algo que padezcan solamente los inmigrantes. “Vivir en un Estado en el que los derechos sean diferenciales afecta a toda la sociedad”, subraya.
Entre otras cuestiones, el documento elaborado por las Bvodh advierte que los controles “exceden el objetivo aparente de localizar a personas en situación administrativa irregular”. Y que la persecución constituye “un mecanismo de control social”, que refuerza la construcción de “un grupo social homogéneo, levanta fronteras internas y potencia la diferenciación social entre la población autóctona y la extranjera”.
En la oficina del centro social Ateneu Candela, en Tarrassa, Barcelona, Xavi Martes asesora a extranjeros sin papeles sobre sus derechos y cómo actuar en caso de ser detenidos. En cada redada los activistas van a las comisarías para que liberen a los inmigrantes; también presionan en los juzgados para demostrar que los encausados participan en asociaciones sociales. “Hablamos de diez a quince personas detenidas cada día en Tarrassa”, calcula Martes, y asegura que se enteran de las razzias por teléfono o Twitter. Con la denuncia consumada, convocan a movilizarse hacia las estaciones del metro para visibilizar el acoso policial e impedir los arrestos. Entre 60 y 100 personas participan en esas actividades que cuentan, además, con el apoyo de abogados.
Daniela Ortiz nació en Cuzco, Perú, pero vive en Barcelona hace cuatro años. Allí edita antigonia.com (@antigonia_info), blog abocado a temas de inmigración. Entre 2007 y 2010, mientras era alumna de la Universidad de Barcelona, obtuvo un permiso de estudiante. El 13 de septiembre de 2010 solicitó la residencia por “arraigo social”, ya que había residido en España por tres años consecutivos sin abandonar su territorio. Sin respuesta, al año siguiente presentó una carta de reclamo por su situación. “Estuve dos meses con la tarjeta de estudiante vencida, el único documento que certificaba que estaba legal en el país era la fotocopia de mi pedido de residencia”, cuenta la joven.
“Ese papel no sirve para nada”, afirma y arriesga vía Skype: “Según quien lo mire, puede considerar que estás legal o ilegal”. El 11 de febrero de 2011 supo por correo electrónico que habían extraviado su carta. Le pidieron que presentara la documentación nuevamente. Mientras estaba de viaje en México, le informaron que necesitaba una visa para regresar al país. Como su abuela es chilena, en abril viajó al país trasandino para tramitar la nacionalidad. Con el pasaporte chileno viajó a España. “En el counter de Iberia me hicieron problemas alegando que no tenía visado, las personas que trabajan allí no tienen idea de la Ley de Extranjería española y los tratados con distintos países.”
En noviembre de 2011, Ortiz contrató a un abogado para comenzar el proceso de solicitud de residencia. Con Xose, su compañero de vida, acordaron unirse como “pareja de hecho”. Le entregaron la tarjeta, como extranjera residente, hace dos meses. A propósito de la Circular de la Dirección General de la Policía, sobre detención e identificación de extranjeros, las Bvodh señalan que el documento reconoce una práctica discriminatoria e ilegal ejercida por los aparatos del Estado. Y pregunta: “¿Asumirá alguien responsabilidades?”.
Centro de detención de Aluche
El argentino Pablo “Pampa” Rodríguez milita en la Comisión CIE de la Red de Apoyo Ferrocarril Clandestino. Dice que en Madrid hay al menos 277 personas detenidas en el centro de internamiento de Aluche, donde funcionó la antigua cárcel de Carabanchel, una de las prisiones más grandes del franquismo. El colectivo de derechos humanos es querellante en la causa judicial por la muerte de la congoleña Samba Martine, fallecida el 19 de diciembre en el CIE madrileño, tras cuarenta días de encierro. Rodríguez visitó a argentinos, chilenos, peruanos, ecuatorianos, bolivianos, brasileños y colombianos en la prisión. “Cada tanto detienen a gente de Senegal, Mali, Guinea o Marruecos, aquí nadie se salva de esto. En esos días salen aviones españoles rumbo a Africa”, asegura.
jueves, 24 de mayo de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
La masacre de Trelew a juicio
Luego de cuatro décadas, comenzó el proceso contra cinco represores por los fusilamientos de 16 militantes políticos en la base Almirante Zar.
Por Adrián Pérez
La dictadura militar encabezada por Alejandro Agustín Lanusse buscaba alejarlos de un contexto social convulsionado por años de proscripción peronista y la persecución a militantes de base. Eran jóvenes que se referenciaban con las luchas obrero-estudiantiles cristalizadas en el Cordobazo, el Rosariazo y el Mendozazo. Cuadros e integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Montoneros y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) fueron desplazados, a principios de los setenta, de confinamientos en Tucumán, Córdoba y Buenos Aires y enviados a la Unidad Penal 6 de Rawson, Chubut. El presidio, por su ubicación geográfica, desalentaba toda idea de fuga. No obstante, veinticinco presos políticos lograron escapar de allí el 15 de agosto de 1972. Seis abordaron el vuelo comercial BAC 1-11 de la empresa Austral. El resto fue capturado en el aeropuerto de Trelew. Sin saber que lo esperaba la muerte, Rubén Pedro Bonet dijo frente a las cámaras de televisión, antes de ser trasladado a la base aeronaval Almirante Zar: “Ya que estamos en la Patagonia concebimos esta Nación y esta lucha como la continuación de la que libraron todos los obreros rurales y los obreros industriales en 1921, asesinados por el Ejército”. El trabajador de Sudamtex y Nestlé e integrante del ERP fue uno de los dieciséis fusilados en la Masacre de Trelew. Carlos Heriberto Astudillo, Eduardo Adolfo Capello, Mario Emilio Delfino, Carlos Alberto del Rey, Alfredo Elías Kohon, Clarisa Rosa Lea Place, Susana Graciela Lesgart, José Ricardo Mena, Miguel Ángel Polti, Mariano Pujadas, María Angélica Sabelli, Hugo Humberto Suárez, Humberto Adrián Toschi, Jorge Alejandro Ulla y Ana María Villarreal de Santucho también murieron en la siniestra acción.
Familiares de las víctimas se reunieron con Néstor Kirchner durante su presidencia para expresarle la necesidad de crear un espacio de memoria en la base Almirante Zar. El 6 de mayo, en el último homenaje a los caídos de Trelew organizado en el predio militar, Alicia Bonet contó que había solicitado la reapertura de la causa por la masacre a todos los presidentes constitucionales, pero que Kirchner había sido el único que la escuchó en 2005. “Haré todo lo que esté a mi alcance para que se concrete”, le dijo el presidente a ella y a Soledad, la madre de Capello. Luego se acercaron al Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) para iniciar una causa penal. La primera querella se presentó en febrero de 2006. La directora del Área de Litigio y Defensa Legal del CELS, Carolina Varsky, patrocina a diez familias en el juicio que comenzó hace dos semanas en el teatro José Hernández de Rawson. Junto con el abogado Eduardo Hualpa concluyeron que, si bien habían ocurrido antes del golpe de Estado, los fusilamientos representaban crímenes de lesa humanidad. Para la reconstrucción de los hechos, la querella se apoyó en relatos de familiares que narraron la experiencia de otros detenidos en la UP 6. También en los testimonios de los sobrevivientes Ricardo René Haidar, Alberto Miguel Camps y María Antonia Berger (detenidos-desaparecidos por la dictadura), recogidos en la cárcel de Devoto por Francisco “Paco” Urondo el 24 de marzo de 1973 y publicados en el libro La Patria Fusilada.
LA QUERELLA
La acusación alcanzó al capitán de fragata Luis Emilio Sosa, guardia de la base, y al teniente de navío Roberto Guillermo Bravo, señalados por los sobrevivientes como quienes remataron con tiros de gracia a sus compañeros. “Al momento de hacer la denuncia teníamos pocos nombres de posibles imputados”, confía Varsky en diálogo con Debate. Nuevos responsables surgieron cuando el juez federal Hugo Sastre convocó en calidad de testigos a personas que trabajaron en la base aeronaval: el capitán de fragata Emilio Del Real; el capitán de navío Rubén Norberto Paccagnini, jefe de la base; el cabo primero Carlos Marandino; y el capitán de navío Jorge Enrique Bautista. El contraalmirante Horacio Mayorga eludió el juicio por razones de salud. Lo mismo hizo Bravo al nacionalizarse norteamericano.
En 2008, Página/12 ubicó a Bravo en Miami. Era titular de la empresa RGB Group Inc., proveedora de servicios médicos a fuerzas militares y de seguridad. El juez Robert Dube, de la Corte de Florida, rechazó su extradición argumentando que las declaraciones de los sobrevivientes no eran creíbles. De los cinco imputados, Marandino es el único con arresto domiciliario: el resto está cerca de los ochenta años de edad y fueron excarcelados. Eduardo Aguirre Obarrio y Ezequiel Martínez, ministro de Defensa y secretario de Planificación de Lanusse, fueron beneficiados con falta de mérito. Eduardo José Ignacio Betti, general de brigada del Ejército, y Carlos Alberto Rey, brigadier general de la Fuerza Aérea, fueron sobreseídos. El capitán de navío Juan Carlos Antonio Herrera y el integrante de la Armada, Juan Hipólito Marchán, ambos fallecidos, también habrían participado de los hechos, según testimoniaron los imputados.
Utilizando un croquis de la base, el físico del Instituto Balseiro, Guillermo Pregliasco, analizó la distribución de las celdas de la base en las que fueron alojados los detenidos. En agosto de 2007 sugirió examinar la pared Norte. También hizo una reconstrucción a escala del área Oeste del edificio. Según esos estudios, el pasillo en el que fueron fusilados era demasiado angosto para que los presos abrieran fuego contra los guardias, dato que derriba la versión de un enfrentamiento difundida por la Armada. En otra pared, la mampostería había sido picada desde el piso y hasta una altura irregular que no excedía el metro sesenta. Por encima de ese borde, el revoque respondía a la estructura original del edificio. Todas las reparaciones fueron posteriores a 1972. “Eso quiere decir que no hubo ni un solo disparo por encima del metro sesenta”, remarca la abogada. Los marinos habían argumentado que se asustaron ante el intento de fuga y por eso abrieron fuego hacia el techo.
La semana pasada, el capitán Bautista recorrió la base, en el marco del juicio donde está acusado de encubrimiento. Recordó que en el mediodía del 22 de agosto, al presentarse en el predio aeronaval entró al pasillo, con los fusilamientos consumados, y encontró cuerpos, colchones, armas y algunas marcas en las paredes. “Dijo que al principio los fusilados no eran dieciséis sino menos”, afirma Varsky. Además, el marino reconoció haber escuchado que uno de los detenidos acababa de morir. “Bonet no muere en la madrugada del 22 sino que lo dejan sin atención hasta cerca del mediodía -asegura la abogada-, no lo llevan inmediatamente al médico como lo hicieron con Haidar, Berger y Camps”. Y agrega: “Bautista admitió que hubo siete sobrevivientes por lo menos, de los cuales finalmente quedaron tres vivos”. Según Varsky, el marino se refería a Bonet y a Pujadas. Por las manchas en el suelo los presos reptaron por el pasillo de una celda a otra. La querella sostiene que Bonet sobrevivió y que Haidar, Berger y Camps fueron evacuados con graves heridas, luego de haber sido atendidos durante siete horas en la enfermería de la base.
Mariano Pujadas - Pedro Bonet
Intervención del Grupo de Arte Callejero (GAC)
LA FUGA
El 15 de agosto de 1972, un militante de las FAR merodeaba la UP 6. Jorge Lewinger, apoyo externo de la fuga y periodista de la agencia Télam, esperaba un guiño para actuar. Tenía que recoger a 110 integrantes de las FAR, Montoneros y el ERP. La toma de la cárcel debía concretarse durante la escala en Trelew del avión de Austral, que volaba de Buenos Aires a Comodoro Rivadavia. Una compañera aguardaba para avisar sobre el arribo del avión. Los wokitokis no funcionaban y el rescate se complicó aún más cuando el periodista interpretó equívocamente la señal que Carlos “Tomasito” Goldemberg le hacía con la frazada. Creyó que adentro “estaba todo podrido”. La camioneta y los dos camiones que llevarían a los presos al aeropuerto se alejaron. Pero volvieron al darse cuenta de que se trataba de una confusión. En el camino, se cruzaron con los taxis en los que viajaba el segundo grupo de 19 presos que había logrado escapar. Mientras, los patrulleros revoloteaban la cárcel.
“Se dieron cuenta de quiénes éramos pero no quisieron ningún tipo de enfrentamiento”, recuerda Lewinger. Finalmente abortaron la operación. Mientras huía hacia el Sur, el carburador de su camioneta se mojó al pisar un charco. Para no congelarse pasó la noche arriba del auto. Al día siguiente, caminó cuarenta kilómetros hasta dar con un puestero que lo alojó en su casa. “Era gente muy humilde pero tenían una radio Spika. Me desearon suerte, sabían lo que había pasado”, relata Lewinger. En la localidad de Gan Gan esperó un micro que lo llevara a Bariloche, pero fue detenido. Cuando exigió que lo anotaran en la comisaría, un policía le murmuró a otro: “El miedo no es zonzo”. Habían recibido un radiograma para no asentar su ingreso. La avioneta que lo debía trasladar a Rawson no llegaba y el jefe policial lo invitó a cenar a su casa. El periodista no recuerda su nombre, pero menciona que, después de sacarle las esposas, el comisario le dijo que los presos políticos llegaron al penal de Rawson para “alejarlos de todo el despelote que había” en la Argentina. Con esa decisión, creía que Lanusse había incorporado la Patagonia al país, y que ahora sabían lo que pasaba en el resto de las provincias.
“¿Por qué no dejás que te saque el arma, como si te la hubiera robado, para que pueda apretar al piloto y seguir viaje a Chile?”, pidió Lewinger. “Si no tuviera familia, te aseguro que lo haría”, respondió gentilmente el comisario y le garantizó que mientras estuviese en manos de la policía de Chubut no le tocarían un pelo. En Rawson lo entrevistó un coronel del Ejército. Los policías apostados detrás del militar lo saludaban con los dedos en V. En la noche del 21 de agosto, el periodista y los choferes de los camiones fueron interrogados. Estaban en el patio, con las manos contra la pared, muriéndose de frío. Entre pregunta y pregunta, el juez se iba al fondo de la comisaría, porque estaban festejando algo con un asado. La peor noticia llegó por la mañana de boca de otro preso: “Mataron a los compañeros en la base aeronaval Almirante Zar”. Lo que celebraban no era otra cosa que los fusilamientos. El 26 de mayo de 1973, cuando estaba a punto de salir en libertad, el jefe del penal le dijo: “Esta batalla la ganaron pero la guerra continúa”. Su hermano y su primera compañera desaparecieron durante la dictadura cívico-militar.
El 6 de mayo, Lewinger recorrió más de 1.300 kilómetros para estar en el acto convocado por H.I.J.O.S, La Cámpora y familiares de las víctimas. En el inicio del juicio pudo ver la cara de los genocidas por primera vez. “Ellos son responsables del peor delito que pueda cometerse: asesinar a personas desarmadas”, afirma. Durante su estadía en Rawson, Lewinger se encontró con Miguel Marileo, encargado de sellar los ataúdes en los que los dieciséis cuerpos fueron enviados a Buenos Aires.
TESTIMONIO CLAVE
Su voz suena relajada del otro lado del teléfono. Miguel Marileo se va quitando el pesado lastre que le obligaron a cargar durante varias décadas. Los fusilados eran más o menos de su edad: él tenía 28 años en ese tiempo. La semana pasada regresó dos veces a la base Almirante Zar. La casa de sepelios Melluso, que aún funciona en Trelew, era la única cochería disponible en la zona en 1972.
En la mañana del 22 de agosto, cuando se presentó a trabajar, supo por uno de los dueños de la empresa que “se estaba corriendo una bola”: habían matado a los muchachos en la base. “Van a venir a comprar cajones”, pensó. Luego de almorzar en su casa, volvió al trabajo a las 15. Dos horas después, un camión militar estacionó en la puerta de la funeraria para llevarse dieciséis ataúdes. Terminó la jornada laboral a las 19.30. El dueño de la cochería le dijo: “Me parece que mañana nos van a llamar de la base para encajonar a los muchachos”.
En su casa, la persiana del dormitorio matrimonial miraba a la avenida Gales. A las 23.50 escuchó un camión frenando en la puerta. “No le dimos bolilla pero alguien golpeó el postigo de madera”. Abrió la ventana y preguntó quién era. “Somos de la base, nos va a tener que acompañar”, se despacharon los militares. “¿A esta hora tenés que ir a la base?”, rezongó su compañera. Lo subieron al camión, repleto de colimbas. “La entrada a la base era una boca de lobo, había milicos por todos lados, era una romería”, recuerda el funebrero. Le pidieron el documento pero sólo llevaba un carnet del Sindicato de Empleados de Comercio. El camión se detuvo a los veinte metros, bajó con el dueño de la empresa. “Nos metieron en una oficina grande. Nos encontramos con un pasillo de diez metros y, a mano derecha, otro de tres o cuatro metros, donde estaban los cajones tirados en el piso”, describe.
En el salón, había ocho cuerpos desnudos de un lado, y ocho del otro, y charcos de sangre por todos lados. Sintió impotencia ante tanta muerte joven. Los miró uno por uno. Los cuerpos desnudos, identificados con sus nombres, tenían al lado bolsas de nylon con balas. “Pujadas fue quien había recibido más disparos, tenía siete u ocho orificios, lo abrieron desde el pecho hasta el ombligo y lo cocieron así nomás”, afirma Marileo. María Angélica Sabelli estaba cerca de Pujadas. Le llamó la atención no ver impactos de bala en el cuerpo de la joven. Le pasó la mano por detrás de la cabeza y cuando la quitó estaba llena de sangre: “Le pegaron el tiro de gracia detrás de la nuca. El disparo no tenía orificio de salida”. Un poco más allá estaba Ana María Villarreal de Santucho. “Tenía dos o tres tiros en el estómago. Ahí sentí más bronca. La mataron con la criatura que llevaba en el vientre”, revela. La mujer estaba embarazada de cinco meses.
Ana Maria Villareal de Santucho
Intervención del Grupo de Arte Callejero (GAC)
“Estaban completamente alterados. Uno daba una orden, otro pedía lo contrario. Un teniente o capitán decidió que soldáramos todos los cajones”, rememora. Un colimba le dijo: “Jefe, nosotros no los matamos, fueron los de las tiritas, la pandilla de Sosa”. Cuando se dieron cuenta de que conversaban, se llevaron al soldado de los brazos. Marileo no lo vio nunca más.
Después de terminar el trabajo, preguntó si podía regresar a su casa. A las 18 apareció un militar: “Lleven a estos señores a Trelew”, balbuceó. Un jeep los dejó en la casa de sepelios. Al llegar a la cochería, un sargento lo amenazó: “No viste nada en la base, no podés hablar”. También le dijo que se cuidara, porque tenía “un hijo chiquito”. Según Marileo, lo controlaron durante tres o cuatro años. Y por temor a que mataran a su familia, masculló su indignación por más de treinta años. Hasta que la cineasta Mariana Arruti lo entrevistó para el documental Trelew, la fuga que fue masacre. Ahora asegura con firmeza: “Es hora de que se haga justicia para que todas las familias tengan tranquilidad, eso fue una aberración. Ellos hicieron correr el comentario de que (los presos) quisieron fugarse. Esos chicos jamás podrían haberse escapado de la base”. Marileo espera cerrar el juicio con su testimonio, para que la gente sepa lo que pasó.
Entre los testigos presentados por la querella y la fiscalía hay cabos y conscriptos que prestaron servicio en la base, familiares, el físico Pregliasco, compañeros de los fusilados que no participaron de la fuga y dos integrantes del Centro de Militares para la Democracia (Cemida). Se calcula que alrededor de cincuenta personas atestiguarán en las audiencias, que se llevarán a cabo durante dos meses. El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, integrado por Enrique Guanziroli, Pedro de Diego y Nora Monella, y los fiscales Horacio Arranz y Fernando Gelvez, tienen la oportunidad de impartir justicia sobre uno de los crímenes más infames en la historia contemporánea argentina.
EL HUEVO DE LA SERPIENTE
“Para nosotros, la masacre fue la génesis del terrorismo de Estado, por la forma en la que se cometieron los hechos, la participación del aparato estatal y el fusilamiento en forma masiva, porque no se trató de un caso aislado sino de una decisión premeditada de matar a militantes políticos”, afirma Carolina Varsky, la abogada del CELS. Luego agrega: “Aunque no en forma numerosa como se dio a partir del 24 de marzo, y aun con un gobierno constitucional en el medio, fue una práctica que se repitió desde agosto de 1972 en adelante”.
¿Cómo se vivió el comienzo del juicio en Chubut?
Generó algo muy interesante en Rawson y Trelew. Las ciudades están movilizadas y mi esperanza es que el juicio despierte en sus habitantes las ganas de contar lo que vieron y vivieron en aquella época.
Publicado el 18 de mayo en revista Debate
lunes, 23 de abril de 2012
Imagen: Arnaldo Pampillón
EL MUNDO › ENTREVISTA A KATIUSKA BLANCO CASTIÑEIRA, AUTORA DE LA BIOGRAFIA FIDEL CASTRO RUZ: GUERRILLERO DEL TIEMPO
“Fidel Castro peleó por un futuro mejor”
De visita en la Argentina para presentar los dos primeros tomos de su obra sobre Fidel Castro en la Feria del Libro, la periodista cubana recorrió la vida del comandante, desde su niñez hasta la actualidad, con un recuerdo especial para el Che.
Por Adrián Pérez
Llevaba menos de un mes de graduada en la Universidad de La Habana cuando en 1987 la enviaron como corresponsal de guerra a Angola para cubrir la misión internacionalista que Cuba llevaba adelante en tierras africanas. Sin embargo, su labor allí no fue lo que conmovió a Fidel Castro sino el trabajo condensado en Después de lo increíble, una serie de crónicas sobre la reedición del viaje que un puñado de jóvenes emprendieron, a bordo del Granma, para acabar con la dictadura de Fulgencio Batista. “Me hubiera gustado hablar contigo para contarte”, le dijo el líder revolucionario a Katiuska Blanco Castiñeira en el primer encuentro que mantuvieron en 1993. Y comenzaron las narraciones del comandante, que culminarían en un libro que compila sus memorias. De paso por Buenos Aires para presentar en la Feria del Libro los dos primeros tomos (de un total de cuatro) de Fidel Castro Ruz: guerrillero del tiempo, la periodista cubana destaca una anécdota especial: “Cuando iban navegando desde México a Cuba al Che le falta el aire, entonces se percatan de que los medicamentos estaban debajo del armamento”, cuenta la escritora.
La mujer de ojos pequeños y rasgados recibe a Página/12 en la residencia del embajador cubano, Jorge Lamadrid Mascaró. Su voz tenue y susurrante se abre paso entre el ruido de los autos que llega desde la calle, y de las aspas de un helicóptero que pasa rasante sobre la casona de Belgrano. Cuando se impone ante el bullicio, menciona Los sueños de Fidel, una crónica de Jorge Timossi, periodista argentino que trabajó junto a Jorge Masetti en Prensa Latina. “La gente puede pensar que son cuestiones a las que Fidel aspiraba, pero en realidad se trata de sus sueños verdaderos, y entre las cosas que soñaba, pensaba en el Che vivo. Fue la crónica más bella que se escribió cuando Fidel cumplió 70 años”, subraya Blanco Castiñeira mientras su mirada se enciende.
–En esos mundos oníricos, al momento de comenzar su investigación sobre la vida de Fidel Castro, soñó que lo entrevistaba.
–Todo eso tenía que ver con el no haber ido nunca a su casa. Soñé que estaba en un lugar muy boscoso, lleno de floresta, como en una selva, donde lo entrevistaba. La primera visita a su casa, en 2009, fue casi familiar.
–¿De qué hablaron en esa oportunidad?
–De las cosas más cotidianas. Hablamos de comida, porque él es un cocinero muy reconocido. También de su preocupación por la preservación del planeta y de la especie; de historia, política y tradiciones. Poquito antes de que se publicara el libro, hablamos del Universo, el origen de la materia o el Big Bang. Y, al mismo tiempo, de la producción de los alimentos y de los precios en el mundo.
–Mientras hacían una parada en Holguín antes de viajar a Birán, su ciudad natal, para festejar sus 70 años, Fidel invitó a Gabriel García Márquez a cenar. ¿Recuerda esa noche?
–Fidel se ocupó de poner las tarjetitas que indicaban dónde se sentaba cada uno o los ingredientes de los garbanzos que íbamos a comer al día siguiente. Era a la manera gallega, recordando lo que se comía en su casa. Alguien me contó una vez que era un hombre que hacía las cosas de corazón, hasta el final; que le ponía su vida a cada mínima cosa.
–Para las entrevistas le encargó que preparara “un cuestionario inquisitorio”.
–Sentí que me estaba diciendo que no fuera complaciente. Fidel ha sido un hombre que ha tratado de preservar el espacio de la intimidad familiar de la vida pública. Eso no sólo es un acto de valentía sino de inteligencia.
–¿Cómo fue trabajar con él? ¿Intervino durante la producción del libro?
–Es un hombre delicado y respetuoso. Nuestro equipo de trabajo preparó los capítulos, después de estructurar los temas, y él enmendó sus partes. Nunca hizo correcciones sobre las mías; el libro tiene muchos comentarios sobre su niñez. Me recuerda mucho la manera de trabajar de (Honoré de) Balzac, de quien se decía que trabajaba de noche y corregía los originales una y otra vez. Fidel es la búsqueda de la perfección de la línea en belleza y esencia. Trata de ser justo al hablar de un compañero porque sabe que su palabra pesa y lo que diga va a quedar en la historia. Le gusta mucho el detalle en temas históricos.
–Y volcó esa búsqueda de la precisión en su formación militar.
–El podía batir (derribar) un plato, de perfil, desde 600 metros, con mira telescópica. En México trataron de compensar la carencia de armamentos con la efectividad del disparo. El Che era uno que también tenía buena puntería.
–El vio en el Che a un hombre con cualidades especiales.
–Frank País era jefe del movimiento en Santiago de Cuba, desde donde apoyaba a la guerrilla en la sierra. En un momento matan a Josué, su hermano. Entonces la guerrilla le envía una carta manuscrita de condolencias que dan a firmar a todos los compañeros. Alguien le pregunta a Fidel qué grado le ponían al Che. “Ponle comandante”, pidió. Así se convierte en el segundo comandante de la guerrilla cubana, después de Fidel. De alguna manera, desde el principio, Fidel avizoró en el Che un hombre con unas características excepcionales.
–¿En qué etapa de la vida de Fidel usted descubre esa semilla de inconformismo que germinaría más tarde en el revolucionario?
–Su primera rebelión se produce en la casa de una familia de ascendiente haitiano. Fue una etapa donde pasó hasta hambre física por el mal uso de una maestra, que hacía ahorros excesivos del dinero que enviaban sus padres para que se sostuvieran él, Ramón y Angelita, sus hermanos. Su padre enviaba 40 pesos, por cada uno de sus hijos, que en aquella época era una fortuna. Su mamá decide llevarlos de regreso a Birán. En una parte del libro, Fidel cuenta que había llegado la época del armisticio (risas). En Santiago querían ponerle disciplina férrea. Un maestro abusó de él y le dio una bofetada. Otra vez, mientras estaba buscando la manera de ser el primero en merendar para batear, el profesor le metió un coscorrón. Ahí se insubordinó y le dio patadas al maestro. Uno percibe que fue una persona que no concebía la injusticia, el maltrato, el atropello. Ante eso nunca se mantuvo impasible, ni siquiera de niño.
–¿Qué otras razones lo llevaron a rebelarse?
–El desea que las cosas cambien al ver que sus amigos de la infancia se habían perdido en el camino de la vida, en la estrechez económica de la época, en las no luces que brindaba la sociedad cubana para los campesinos. Un poquito antes de asaltar el (cuartel) Moncada, y sin decirle a nadie, regresa a la escuelita de Birán a despedirse. Mientras está preso escribe una carta y en un fragmento muy hermoso dice: “Han pasado veinte años y mi escuelita un poco más vieja, mis pasos más pesados. Las miradas de asombro de los niños, como siempre, y nada más. Todo se ha mantenido igual desde que nació la República. Y todavía tenemos una noción de justicia”. Su deseo de revolucionar al país nace del alma, del cariño y el amor por los más humildes; de ser solidarios con los sectores más desprotegidos de la región y del mundo.
–Solidaridad que demostró en sus constantes reclamos de independencia y soberanía en América latina.
–No sé si acá en Argentina se conoce, pero una de las causas que Fidel lleva al Congreso de estudiantes, y que quería que coincidiera con la 9ª Conferencia Pa- namericana, donde se firma la carta de fundación de la OEA, es la devolución de las islas Malvinas a la Argentina. Está también la devolución del canal de Panamá, la Independencia de Puerto Rico y la lucha contra las dictaduras de (Anastasio) Somoza, en Nicaragua, y (Rafael) Trujillo, en República Dominicana.
–¿Qué aporta su libro al actual escenario de crisis e incertidumbre mundial?
–Esperanza y deseos de luchar. Desde siempre, Fidel tuvo la voluntad de pelear por un destino mejor para las grandes mayorías. Quizá por eso es tan amado por multitudes y tan odiado por minorías. Su posición siempre ha sido favorecedora del consumo y no del consumismo. Los hombres deben tener techo, ropa y comida para vivir. Pero deben hallar la plenitud de la existencia no en la posesión de las cosas sino en el disfrute del conocimiento, la belleza, las manifestaciones del arte. Este libro tiene, primero que todo, el valor humano. No estoy buscando narrar la historia de Cuba sino que Fidel cuente desde su vida, experiencia y recuerdos lo que ha vivido y cómo lo ha registrado su memoria. Hubo alguien que dijo que es el último gigante de la historia que queda entre nosotros. Es como Bolívar, San Martín, Hidalgo, José Martí o Benito Juárez. Ha sido un revolucionario que ha visto cumplir sus sueños y ha vivido muchos años para verlo. Siempre lo comparo con el tule, un árbol de México con un tronco desmesurado; dicen que unas cincuenta personas tratan de abarcarlo con los brazos y no lo consiguen.
–¿Por qué escribió Fidel Castro Ruz: guerrillero del tiempo?
–Porque es necesario para la batalla actual de la humanidad; para tratar de corregir el mundo de las guerras; para conseguir la paz en el mundo y la equidad social, que es la única que puede traer la paz porque la paz no puede ser la del camposanto, sino la de la felicidad de la gente. Lo único que puede salvar a la humanidad es corregir el rumbo y que las sociedades privilegien el conocimiento y una vida de armonía con la Pachamama, como decían los aymaras. Fidel tiene historias que narrar que pueden ser de mucha utilidad para los tiempos venideros, para que la gente se una y luche por la preservación de la especie.
martes, 10 de abril de 2012
Desde el Roca al Sarmiento: un triángulo de corrupción
Marcha entrevistó a Leonardo Franzin, trabajador del taller de la Línea Roca desde hace más de una década y lo consultó sobre las condiciones de seguridad en los trenes metropolitanosPor Adrián Pérez
Como si fuera un sticker pegado sobre un vidrio o un tango de Discépolo reversionado, un joven lleva la mejilla izquierda contra la ventanilla del primer vagón que ingresa a Plaza Constitución. Las puertas se abren y los pasajeros saltan del tren. Entonces comienza una loca carrera de obstáculos. El enjambre de almas busca alcanzar las salidas que ofrece la estación porteña para subir a los colectivos que los llevarán a sus trabajos. La última campaña electoral del armado afín al cacique sindicalista José Pedraza mancha las paredes del hall central. "Pensá en verde, votá Lista 1", sugiere un cartel. “Protección del trabajador, empleo estable, salario justo y digno”, promete la Unión Ferroviaria (UF). Cerca de la boca de ingreso que da a la calle Hornos, un mensaje grabado sobre cuatro cerámicas hechas por los trabajadores de la ex Zanón exige “Juicio y castigo a los asesinos de Mariano Ferreyra”. El tren a Temperley parte a las 11.54 a paso lento, con desgano.
A más de un mes del choque que se cobró la vida de 51 pasajeros de la Línea Sarmiento y provocó 703 heridos, Marcha viaja a los Talleres de Remedios de Escalada. Allí espera Leonardo Franzin, electricista desde hace quince años de las formaciones de la Línea Roca. Su testimonio en la causa por el crimen de Mariano Ferreyra señaló a Aldo Amuchástegui, Ricardo Arias, Gustavo Daniel Alcorcel, Miguel Toreta y Marcelo “El petiso” Suárez como reclutadores de los 120 trabajadores que abandonaron los talleres para impedir que otros trabajadores tercerizados y militantes de izquierda realizaran un corte de vías en la estación Avellaneda el 20 de octubre de 2010. “El terror se impuso en el taller”, afirmaba Franzin, en aquel entonces, ante Página/12. El militante de la Agrupación Causa Ferroviaria denuncia hoy el estado de abandono del sistema ferroviario y comparte algunas claves para comprender qué fue lo que pasó en el accidente de Once.
-¿Qué debe hacerse para revertir la situación en los trenes?
-Los sectores ferroviarios más combativos proponemos una reestructuración del sistema de trenes, con una inversión muy fuerte que provenga de “gente genuina que quiera al ferrocarril”, la intervención de usuarios y trabajadores y el funcionamiento de una comisión de control que se preocupe por el destino de los fondos. Es fundamental quitar las concesiones, abrir los libros contables y llevar a los empresarios ante la Justicia por malversación de fondos. Los trabajadores tienen que estar involucrados en el proceso de reestatización.
-¿Cuál es su posición respecto de la Sociedad Operadora Ferroviaria del Estado?
-Está dirigida por la Unión Ferroviaria y la Fraternidad. No aceptamos este sistema porque, con el asesinato de Mariano Ferreyra, hemos visto en qué termina la administración en manos de las cúpulas sindicales. Se trata de un triángulo de negocios aceitado desde la Secretaría de Transporte con (el vicesecretario Antonio) Luna, (el ex secretario Juan Pablo) Schiavi y las compras fraudulentas de las formaciones que llegaron como renovación y terminaron siendo chatarra. En los talleres se acumula material ferroviario inservible. Detrás de esas compras hubo negociados.
-¿Cómo se realizaron esas compras?
--Durante la administración de Ugofe (Unión de Gestión Operativa Ferroviaria de Emergencia) de la Línea Roca, que viene de la quita de la concesión a Metropolitano, a cargo de (Sergio) Taselli, el secretario de Transporte (Ricardo) Jaime vino al taller a anunciar la compra de nuevo material ferroviario para alivianar el servicio. Los subsidios se cuatriplicaron con el lógico razonamiento de que era necesario reestructurar el sistema ferroviario. Más de la mitad de ese dinero fue a parar a otro lado. Al mes de esa visita trajeron al taller coches Sorefame, de origen canadiense, comprados a Portugal. También llegaron coches españoles totalmente desguasados que nunca se pusieron en funcionamiento. Estos últimos, aunque estaban custodiados por la Policía Federal, se prendieron fuego sospechosamente en la estación de Gerli cuando Jaime era investigado por corrupción. En esa compra fraudulenta estuvieron involucrados los sindicatos Hoy debe haber unas seis u ocho máquinas españolas totalmente vacías en los talleres de Escalada.
-¿Cuál fue el destino de los coches Sorefame?
-Sólo circularon dos formaciones que tuvieron que ser retiradas porque provocaban demoras. No había repuestos porque estos trenes son del año sesenta. En Portugal los dieron de baja.
-¿Por qué?
-Llegaron con fisuras en chasis y carrocería. Los informes de los ingenieros portugueses señalaban que el problema en el chasis era producto del sobrepeso. Fueron diseñados para hacer tramos de larga distancia y transportar pasajeros sentados, pero acá funcionaron en horarios pico, cargados de gente. Hoy son modificados para funcionar como vagones remolcados, las reformas se hacen en los talleres privados de la concesionaria Emepa en Chascomús. En el país no hay un laboratorio ferroviario o un estudio técnico que pueda decir que estos coches están en condiciones de circular.
-¿La Línea Roca puede sufrir un choque de magnitudes similares al que se produjo en el Sarmiento?
-La diferencia es que las formaciones de los coches eléctricos japoneses del Roca son de tecnología más reciente que los utilizados en la Línea Sarmiento.
-¿Cuándo llegaron las formaciones japonesas al país?
-En los ochenta. El proceso de compra comenzó a negociarse durante la dictadura y lo terminó Alfonsín. En ese momento, eran coches de punta.
-¿Los trenes del Roca son más seguros que los del Sarmiento?
-Tienen un sistema de freno y de señalamiento totalmente automatizado. No digo que el tren eléctrico del Roca sea súper seguro, pero sí que es más seguro que la Línea Sarmiento. Por su diseño más moderno y eficiente, el sistema eléctrico y electromecánico de los coches Toshiba Línea Roca logra minimizar los efectos de las fallas mecánicas y el error humano.
-¿Cómo funciona el sistema de freno, de señalamiento y las puertas en los trenes del servicio eléctrico de la Línea Roca?
-Según las velocidades se accionan tres tipos de freno. Cuando el motorman lo aplica, el primero que se activa es el electrodinámico, que hace funcionar los motores como generadores. La fuerza contraelectromotriz generada provoca que los coches disminuyan su velocidad. Después se aplica el freno a disco, como el de cualquier automóvil. Y luego el freno a zapata, que comprime la rueda. Esta secuencia se aplica automáticamente. En caso que el motorman pase un semáforo en rojo accidentalmente, pone en rojo los semáforos de toda la línea. Si no se cierran todas las puertas, el coche no tiene manera de circular. Si el motorman se desmaya y deja de apretar “el hombre muerto” (N.d.R: botón ubicado sobre la palanca del conductor, que el motorman debe presionar continuamente), se aplica el freno de emergencia y el coche frena de inmediato. Si el motorman cae sobre “el hombre muerto”, mantiene esa presión y llega a cruzar un semáforo en rojo, el freno de emergencia también se activa, más allá de que “el hombre muerto” esté en posición normal.
-¿Cuáles son las falencias de los coches de la Línea Roca en cuanto a mantenimiento y seguridad?
-A pesar de ser modernos, tienen problemas con el compresor principal que hace funcionar gran parte del sistema de freno. Japón ya no está fabricando repuestos, por eso se utilizan compresores fabricados acá. Si no se crea una industria ferroviaria, y se pone a los ingenieros a trabajar en nuevos mecanismos, estos coches serán obsoletos en poco tiempo.
-¿Qué responsabilidad le cabe a la Comisión Nacional de Regulación del Transporte en el deterioro del sistema ferroviario?
-Terminó avalando que todo esto suceda. Ahí tendría que haber una fuerte intervención. Está claro que habilitaron formaciones que no estaban en condiciones. La formación del Sarmiento que se accidentó estuvo parada tres meses por problemas de freno. El día anterior al accidente, el tren había salido con cuatro compresores en lugar de ocho.
-¿El choque de Once fue un accidente o una tragedia?
-Fue un accidente previsible. Se produce no sólo porque falla el sistema de freno sino también porque el sistema de amortiguación del golpe no es el indicado. A esa velocidad, el impacto tendría que haber sido absorbido por el sistema de amortiguación que funciona entre coche y coche, y por los paragolpes hidráulicos que hacen de valla de contención. Desde el análisis técnico es un accidente, pero es un asesinato porque quienes conocían la situación y tenían la responsabilidad de actuar no hicieron nada.
-Como trabajador ferroviario, ¿qué mensaje le enviaría a las familias de las víctimas de Once?
-Para nosotros fue un día negro. Me pongo en la piel del familiar y me doy cuenta que no es fácil separar las cosas. Cuando sucedió el accidente, algunos pasajeros fueron a agredir al motorman, que estaba entre los fierros después de haberse quedado en la cabina en una actitud heroica. Por una cuestión de protocolo, el motorman debe aplicar el freno y correr hacia donde están los pasajeros. Sin embargo, el conductor se quedó hasta último momento tratando de activar el freno. Los que queremos al ferrocarril les decimos a los familiares que vamos a luchar para que se sepa quiénes son los responsables. Y, más que nada, para que esto no se vuelva a repetir.
Publicado en Marcha el 6 de abril de 2012
martes, 3 de abril de 2012
Desde lejos no se ve
10 de marzo de 2012. Aída llora mientras se recupera de las lesiones graves provocadas después de que el ejército sirio atacara su casa en Idlib. El esposo de Aída y sus dos hijos murieron durante el bombardeo.Foto: Rodrigo Abd (AP)
El fotógrafo argentino Rodrigo Abd estuvo en Siria y retrató un conflicto complejo que convoca la atención del mundo.
Por Adrián Pérez
El reportero gráfico, que por oficio suele desplazarse con la cautela de un monje budista, no para de moverse en la silla que lo retiene frente a la computadora. Desde su casa en Guatemala juega con su bigote, repasa lo que va a decir y habla de su experiencia en la cobertura del conflicto armado en Siria. “Cuando estás ahí entendés que desde lejos analizamos todo en término de buenos y malos. Sin embargo, la situación es más compleja de lo que creemos”, advierte Rodrigo Abd durante la entrevista vía skype con Caras y Caretas. Sus fotografías recorrieron el mundo entero y empapelaron las tapas de Folha de Sao Paulo, The New York Times y The Guardian. Sus abuelos llegaron a Buenos Aires en 1920, desde Homs, después de sesenta días de barco. Trabajó en La Razón, La Nación y en 2003 se pasó a Associated Press (AP). En esa agencia cubrió la crisis política en Haití, el golpe de Estado en Honduras, la guerra en Afganistán y la caída del gobierno de Muammar Khadafi.
A comienzos de año, su editor en El Cairo le propuso viajar a Siria. Partió rumbo a México, donde lo esperaba un teléfono satelital. El 17 de febrero se encontró con Ahmed Bahaddou, camarógrafo de AP, en la frontera con Turquía. Hacía una semana que su compañero armaba los contactos con miembros del Ejército de Liberación de Siria para ingresar al país. Homs se presentaba como un lugar riesgoso para los periodistas. Por eso decidieron cubrir el noroeste sirio, zona mayormente liberada por los rebeldes. En Turquía se enteraron de que la periodista inglesa Marie Colvin y el fotógrafo francés Rémi Ochlik habían muerto. "Para nosotros fue complicado --reconoce Abd--, teníamos que entrar sabiendo que dos periodistas habían sido asesinados." Ingresaron en territorio sirio en un tractor utilizado para el contrabando con Turquía. Fueron recibidos como extraños emisarios, pero también con los brazos abiertos por la falta de cobertura periodística en Siria. “Nos mostraban las balas con las que el Ejército reprimía en los pueblos, querían que fuéramos a las manifestaciones y nos alojaron en sus casas”, afirma.
Abd derriba la hipótesis del apoyo extranjero a los rebeldes sirios: “No observé un ejército regular, tampoco millones de dólares o combatientes llegando ni de los países árabes ni de los países occidentales, como sí vimos en Libia el año pasado”. Luego señala que la precariedad de las fuerzas rebeldes se debe a que el Ejército sirio está ganando la pelea por varios cuerpos. “Básicamente, es gente con fusiles intentando parar tanques, gente de ciudad que un día tomó un arma para intentar cambiar las cosas”, dice, y agrega que tanto en los combatientes como en la sociedad hay poca formación política.
--¿Cómo terminaron esas armas en manos de los rebeldes?
--Algunos rumores señalan que llegaron desde Jordania e Irak, seguramente también desde Turquía. El gobierno de Qatar, enemigo histórico de los chiítas, dijo abiertamente que iba a apoyar al Ejército de Liberación Siria. Imagino que los países árabes sunitas apuntalan a los rebeldes. Hay un mercado negro interno, del que también participa el Ejército sirio.
--¿Es cierto que Turquía adiestra a los rebeldes sirios?
--Se dice que los rebeldes están con el imperialismo, esa cosa muy latinoamericana que tenemos de culpar a los gringos, con razón histórica. Uno percibe, a partir de la experiencia en Libia y Afganistán, cuando hay apoyo masivo de agentes extranjeros. Te das cuenta porque ese apoyo tiene que ver con organizar y proveer de armas y equipos que estos tipos claramente no tienen.
--¿Pudieron moverse con facilidad durante la cobertura?
--Siempre nos acompañó alguien por temor a que nos pasara algo. En los cuatro pueblos que recorrimos el ritmo lo marcaban ellos (los rebeldes). Nos movíamos de un lugar a otro cuando la red de contactos estaba aceitada. Eso podía demorar dos días. Nuestros teléfonos satelitales estaban bloqueados por el gobierno. Fueron horas y horas de intentar enviar fotos, desde la terraza de un edificio, con el temor de que el gobierno detectara nuestra posición y nos bombardeara, como pasó en Homs.
--¿Cuál es su análisis del tratamiento mediático en Siria?
--Nos metimos de contrabando, como la mayoría de los periodistas que no son invitados por el gobierno. Recuerdo haber visto a Al-Assad en una entrevista que le hacen después del plebiscito convocado por él diciendo que iba a ganar la pelea mediática. Está claro que hay una intención muy fuerte de su gobierno de controlar la historia.
--¿Cómo fueron sus últimas horas en Idlib?
--Controlada en un 80 por ciento por los rebeldes, sabíamos que Idlib era fuente de poder del Ejército de Liberación Siria y que, después de la caída de Homs, sería el lugar elegido por el Ejército para retomar el control. Al mismo tiempo, un colega de AP nos informaba, desde la frontera con Turquía, que había columnas de tanques dirigiéndose a la ciudad. El bombardeo de las tropas del gobierno comenzó a las cinco de la madrugada del 10 de marzo. El Ejército de Liberación Siria intentó repelerlos en las afueras de la ciudad. En el segundo día de ofensiva, los combatientes peleaban en el centro de la ciudad mientras el cerco iba cerrándose. Era dramático ir al hospital pero también ver a estos tipos desesperados, intentando que el Ejército no los arrinconara, llorando la muerte de amigos y hermanos.
11 de marzo de 2012. Rebeldes sirios toman posición durante enfrentamientos con las fuerzas del gobierno en Idlib, al norte de Siria.Foto: Rodrigo Abd (AP)
--¿Cuándo decidieron abandonar la ciudad?
--Sabíamos que no podíamos quedarnos ahí porque éramos un objetivo más del Ejército. La espera en medio del combate fue dramática. Salimos en medio de la noche, entre árboles de olivo. Había un túnel que pasaba por debajo de una avenida desde donde los tanques bombardeaban. Terminamos con un grupo de siete personas caminando por campos de olivo hasta llegar a un lugar donde había colaboradores del Ejército de Liberación Siria que nos llevaron en un carrito hasta otra ciudad. Y de ahí empezamos el camino de pueblito en pueblito para salir de Siria. Wahel, nuestro contacto en Idlib, se vino con nosotros y hoy está en Turquía.
--El ministro turco de Relaciones Exteriores, Ahmet Davutoglu, confirmó recientemente que hay 16 mil refugiados sirios en ese país.
--Vimos un campo de refugiados en Turquía. Imagino que cada día son más, porque la arremetida del Ejército no sólo era sobre Idlib sino regional. Muchas familias y combatientes que dejaban las armas se querían ir porque no querían morir.
--¿Qué balance hace de la cobertura del conflicto en Siria, tanto en lo personal como en lo laboral?
--Cuando Idlib estaba cayendo, mucha gente nos decía que iban a quedarse porque ese era su lugar, admitiendo que el Ejército iba a tomar el control de la ciudad en un día. Es duro ver a alguien que te anuncia su muerte. Comprender las situaciones personales es mucho más importante que entender el juego geopolítico. Si somos voceros del imperialismo o peleamos desde la prensa por la independencia de los pueblos lo veo como un poco ajeno a lo que hago. Yo estoy en la calle, con estos tipos, intentando entender qué pasa, qué sienten, por qué pelean. El balance tiene que ver con la experiencia de lidiar con la muerte de seres queridos, con el coraje de seguir. Son personas que sin combatir hasta la muerte van a ser asesinados. ¿Cuál es la salida que tiene esta gente? ¿Ser torturada? ¿Ser asesinada? Todo esto va más allá de sunitas, chiítas, Hezbollah, los iraníes, Hillary Clinton y toda esa mierda.
Antes de finalizar la entrevista, el reportero gráfico rechaza la etiqueta de corresponsal de guerra y afirma que durante las coberturas suelen ser espectadores vip. “Las situaciones límites no tienen que ver necesariamente con estar debajo de las bombas; el periodista puede contar historias límite en la esquina de su casa”, sostiene mientras apura un mate. También dice que la imagen del corresponsal que sufre está sobrevalorada. “No me gustan los periodistas héroes o los que piensan que su vida vale más que la de los demás”, subraya.
A diferencia de Libia, señala Abd, el escenario en Siria aparece enrevesado en una región donde los intereses son múltiples. Algunos rebeldes le dijeron que Israel estaba apoyando al gobierno de Al-Assad con el argumento de que mejor malo conocido que bueno por conocer; que era mejor tener al líder sirio que a un grupo de forajidos islamistas. El cronista adelanta que esta entrevista se publicará en abril. “¡Qué loco! Sale en abril y mi primo cayó en Malvinas. Murió en Monte Longdon, en una de las últimas batallas. Se llamaba Marcelo Daniel Massad. Mirá la conexión de la revista entre Malvinas y Siria”, apunta.
lunes, 2 de abril de 2012
Como cóndores sobre las islas
Foto: Fernando Calzada
En septiembre de 1966, un grupo de 18 militantes peronistas de diversa extracción desvió un avión de Aerolíneas y lo hizo aterrizar en Malvinas. Era un acto simbólico para reivindicar la soberanía argentina sobre el archipiélago.
Por Adrián Pérez
No había lugar para ambigüedades: cuando volara sobre el Puerto de San Julián, el DC-4 de Aerolíneas Argentinas, que transportaba a 48 pasajeros desde Buenos Aires rumbo a Río Gallegos, tenía que girar a la izquierda. "El avión está tomado, pongan rumbo uno-cero-cinco”, ordenaron Dardo Cabo y Alejandro Giovenco, a punta de pistola, al piloto Ernesto Fernández García y al copiloto Silvio Sosa Laprida. A las 6 de la madrugada del 28 de septiembre de 1966 comenzaba el Operativo Cóndor, planificado y cristalizado por un heterogéneo grupo de estudiantes, obreros y sindicalistas peronistas con un objetivo en común: tomar las Islas Malvinas, izar siete banderas argentinas para reivindicar la soberanía nacional y sostenerse allí el mayor tiempo posible.
El segundo sábado de marzo, Ricardo Ahe y Fernando Aguirre --dos de los dieciocho miembros de aquel comando-- comparten una mesa con Caras y Caretas en el Café de los Angelitos. Recuerdan con detalle aquella gesta y el orgullo de haber permanecido durante 48 horas en Malvinas. “No fue sencillo pero tampoco una locura. La operación era completamente realizable”, aclara de entrada Aguirre, que se encolumnó tempranamente en las filas de la Juventud Peronista de Merlo, para más tarde integrar la Resistencia Peronista.
Más allá de las 35 toneladas de peso, el grupo estimó que no habría inconveniente en reposar el Douglas DC-4 en suelo malvinense. Dos años antes, el aviador irlandés Miguel Fitzgerald había aterrizado en un Cessna 185, para plantar la bandera argentina en las islas del Atlántico Sur, en la misma pista de cuadreras donde aterrizarían los jóvenes al mando de Cabo. “El suelo estaba apisonado, si hubiera sido turba solamente, el avión se hundía”, apunta Ahe, militante del nacionalismo católico que se integró finalmente al peronismo. El vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas despegó desde Buenos Aires a las 0.30 del 28 de septiembre.
Los pasajeros fueron engañados con la excusa que el avión debía desviarse a Comodoro Rivadavia por problemas meteorológicos. “Nos colocamos parcas de color marrón claro para identificarnos --comenta Ahe--. No hubo inconvenientes con los pasajeros.” No obstante, los problemas comenzaron en la vuelta de reconocimiento sobre las islas, cuando el avión recibió viento en contra. Aguirre toma el anotador del cronista y comienza a dibujar. “Teníamos previsto dominar la gobernación, donde había vehículos, mientras otro grupo iba al salón donde se reunía la gente, para después tomar el destacamento donde estaban las armas”, relata.
Por las malas condiciones climáticas aterrizaron a 2,5 kilómetros de la casa del gobernador. Una patrulla de reconocimiento con siete agentes ingleses llegó hasta el avión. Todos fueron tomados prisioneros. Cabo y María Cristina Verrier, la única mujer del grupo, fueron hasta la gobernación para intimar al administrador británico a que se rindiera, pedido que fue rechazado. “La situación quedó prácticamente como hasta el final cuando regresaron: los ingleses formaron un cerco con una ametralladora de pie y una guardia de 150 personas armadas”, recuerda Ahe. La preocupación del grupo era que los pasajeros no resultaran heridos ante un eventual enfrentamiento.
En la mediación los jóvenes rechazaron la asistencia de un pastor anglicano. “En las juventudes políticas de esa época la pertenencia religiosa pesaba mucho. El peronismo y el catolicismo caminaban juntos; después estaban los ateos de izquierda, nosotros éramos católicos”, caracteriza Ahe a la militancia. Así fue como apareció en escena el sacerdote católico de la isla, el padre Rodolfo Roel, que junto con el comandante de la aeronave y Cabo iniciaron la primaria negociación, con la autoridad británica, para determinar el destino de los pasajeros.
Buscando sacarlos de la zona de conflicto les brindaron alojamiento. Los pasajeros rechazaron la oferta del gobierno. Finalmente, fueron recibidos no por la administración británica sino por la población. “Dos pasajeros se acercaron a nosotros para pedirnos armas --afirma Aguirre--. Eran personas que viajaban por razones de trabajo; les dijimos que se fueran, que la situación estaba controlada”, agrega. Antes de que los rehenes fuesen liberados por intermediación del padre Roel, Edgardo Salcedo, compañero de Aguirre y Ahe, ofició de monaguillo en la primera misa que un grupo de argentinos celebraba en las islas después de 133 años. Salcedo militó más tarde en Montoneros y fue asesinado el 12 de julio de 1976 por el grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA.
Foto: Guillermo Llamos
“Escudarse detrás de rehenes nos parecía deshonroso, por eso los liberamos. Además, hacerlo no era un mensaje de debilidad sino de fortaleza”, dice Ahe. Por la noche, desde el cerco levantado por los kelpers y los infantes de marina comenzó a sonar música y se encendieron reflectores. Con las banderas argentinas desplegadas sobre el terreno, el grupo de Cabo controlaba al menos seiscientos metros. Luego apareció el comisario de a bordo, Raúl Ferrari, con una intimación del administrador británico para que se rindieran. En el segundo día las posiciones se mantuvieron sin que nadie avanzara. “Sacamos el tema de Malvinas de las gacetillas de Naciones Unidas, de esa nebulosa diplomática, y lo instalamos en la primera plana de todos los diarios; el mundo se enteró de que ahí había un gravísimo conflicto”, afirma Ahe.
A la distancia, el veterano cóndor repasa los diarios de la época y señala que la prensa de Estados Unidos los tildaba de comunistas, mientras que los rusos los caracterizaban de fascistas. Más allá de las calificaciones, apunta Ahe, el Washington Post advirtió que el hecho debía tenerse muy en cuenta, y que si no se resolvía por la vía diplomática, podía desembocar en una escalada nacional por parte de la Argentina. “Estaban avizorando lo que después fue la guerra del 82”, sostiene sobre la cobertura mediática del Post.
El fin de la aventura
La situación se destrabó a partir del Código Aeronáutico argentino, manual de procedimientos que le daba al comandante del avión poder de disciplina sobre la tripulación y de autoridad sobre los pasajeros. Así fue como los cóndores entregaron sus armas al comandante que quedaron en el avión. En la iglesia católica del pueblo sufrieron un forcejeo con un grupo de ingleses que ingresaron a quitarles las banderas, que llevaban enrolladas al cuerpo. El buque de bandera argentina Bahía Buen Suceso arribó el 1 de octubre para llevarlos de regreso al continente. “La entrega en nuestras aguas jurisdiccionales cerró el acto de soberanía”, remarca Ahe. “Nos bajaron como a los veteranos de Malvinas, a las 3 de la mañana, y nos trasladaron a la sede del juzgado de Ushuaia”, completa Aguirre.
Incomunicados, fueron alojados en la Jefatura de Policía. Presagiaron que pasarían largo tiempo en ese pabellón semienterrado de 1880 e iniciaron una huelga de hambre. El gobierno de Juan Carlos Onganía emitió un comunicado donde los caratuló de facciosos y adelantó que iban a ser penados “con todo el rigor de la ley”. También recibieron una demanda de Aerolíneas Argentinas por 14 millones de pesos. Fueron condenados por privación ilegítima de la libertad y tenencia de armas de guerra. La condena de dos años de cumplimiento efectivo quedó firme a los nueve meses de estar en prisión. Justamente, en ese plazo de detención se cumplían los términos para una excarcelación con libertad condicional. Quienes no tenían antecedentes fueron excarcelados. Quedaron presos Giovenco, Cabo y Juan Carlos Rodríguez, todos con antecedentes por haber sido presos políticos. En Buenos Aires, los liberados pactaron luchar por el retorno de Juan Domingo Perón, exiliado en España.
--A 46 años de la Operación Cóndor, ¿qué significa Malvinas para ustedes?
F.A.: --Hoy, más que nunca, Malvinas es un hecho que seguimos reivindicando y valorando por haber tenido la suerte de participar, porque no todos los compañeros que tenían el mismo objetivo pudieron hacerlo. Espero verlas bajo soberanía argentina. Y si así no fuere, me llevo el íntimo convencimiento que más pronto que tarde se va a dar.
R.A.: --Malvinas es una causa nacional para nosotros y para las generaciones posteriores. Es toda la aspiración de soberanía que necesitamos para convertirnos en un país independiente. Significa todo aquello que no hemos podido conseguir en el rubro económico, en el robo que se ha hecho de nuestros recursos naturales. Recientemente, los ingleses declararon una zona de protección ambiental, alrededor de las Georgias y Sandwich del Sur, de miles de kilómetros cuadrados. Eso se acerca a su intención de explotar los recursos de la Antártida.
Publicado en la edición de abril de la revista Caras y Caretas
En septiembre de 1966, un grupo de 18 militantes peronistas de diversa extracción desvió un avión de Aerolíneas y lo hizo aterrizar en Malvinas. Era un acto simbólico para reivindicar la soberanía argentina sobre el archipiélago.
Por Adrián Pérez
No había lugar para ambigüedades: cuando volara sobre el Puerto de San Julián, el DC-4 de Aerolíneas Argentinas, que transportaba a 48 pasajeros desde Buenos Aires rumbo a Río Gallegos, tenía que girar a la izquierda. "El avión está tomado, pongan rumbo uno-cero-cinco”, ordenaron Dardo Cabo y Alejandro Giovenco, a punta de pistola, al piloto Ernesto Fernández García y al copiloto Silvio Sosa Laprida. A las 6 de la madrugada del 28 de septiembre de 1966 comenzaba el Operativo Cóndor, planificado y cristalizado por un heterogéneo grupo de estudiantes, obreros y sindicalistas peronistas con un objetivo en común: tomar las Islas Malvinas, izar siete banderas argentinas para reivindicar la soberanía nacional y sostenerse allí el mayor tiempo posible.
El segundo sábado de marzo, Ricardo Ahe y Fernando Aguirre --dos de los dieciocho miembros de aquel comando-- comparten una mesa con Caras y Caretas en el Café de los Angelitos. Recuerdan con detalle aquella gesta y el orgullo de haber permanecido durante 48 horas en Malvinas. “No fue sencillo pero tampoco una locura. La operación era completamente realizable”, aclara de entrada Aguirre, que se encolumnó tempranamente en las filas de la Juventud Peronista de Merlo, para más tarde integrar la Resistencia Peronista.
Más allá de las 35 toneladas de peso, el grupo estimó que no habría inconveniente en reposar el Douglas DC-4 en suelo malvinense. Dos años antes, el aviador irlandés Miguel Fitzgerald había aterrizado en un Cessna 185, para plantar la bandera argentina en las islas del Atlántico Sur, en la misma pista de cuadreras donde aterrizarían los jóvenes al mando de Cabo. “El suelo estaba apisonado, si hubiera sido turba solamente, el avión se hundía”, apunta Ahe, militante del nacionalismo católico que se integró finalmente al peronismo. El vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas despegó desde Buenos Aires a las 0.30 del 28 de septiembre.
Los pasajeros fueron engañados con la excusa que el avión debía desviarse a Comodoro Rivadavia por problemas meteorológicos. “Nos colocamos parcas de color marrón claro para identificarnos --comenta Ahe--. No hubo inconvenientes con los pasajeros.” No obstante, los problemas comenzaron en la vuelta de reconocimiento sobre las islas, cuando el avión recibió viento en contra. Aguirre toma el anotador del cronista y comienza a dibujar. “Teníamos previsto dominar la gobernación, donde había vehículos, mientras otro grupo iba al salón donde se reunía la gente, para después tomar el destacamento donde estaban las armas”, relata.
Por las malas condiciones climáticas aterrizaron a 2,5 kilómetros de la casa del gobernador. Una patrulla de reconocimiento con siete agentes ingleses llegó hasta el avión. Todos fueron tomados prisioneros. Cabo y María Cristina Verrier, la única mujer del grupo, fueron hasta la gobernación para intimar al administrador británico a que se rindiera, pedido que fue rechazado. “La situación quedó prácticamente como hasta el final cuando regresaron: los ingleses formaron un cerco con una ametralladora de pie y una guardia de 150 personas armadas”, recuerda Ahe. La preocupación del grupo era que los pasajeros no resultaran heridos ante un eventual enfrentamiento.
En la mediación los jóvenes rechazaron la asistencia de un pastor anglicano. “En las juventudes políticas de esa época la pertenencia religiosa pesaba mucho. El peronismo y el catolicismo caminaban juntos; después estaban los ateos de izquierda, nosotros éramos católicos”, caracteriza Ahe a la militancia. Así fue como apareció en escena el sacerdote católico de la isla, el padre Rodolfo Roel, que junto con el comandante de la aeronave y Cabo iniciaron la primaria negociación, con la autoridad británica, para determinar el destino de los pasajeros.
Buscando sacarlos de la zona de conflicto les brindaron alojamiento. Los pasajeros rechazaron la oferta del gobierno. Finalmente, fueron recibidos no por la administración británica sino por la población. “Dos pasajeros se acercaron a nosotros para pedirnos armas --afirma Aguirre--. Eran personas que viajaban por razones de trabajo; les dijimos que se fueran, que la situación estaba controlada”, agrega. Antes de que los rehenes fuesen liberados por intermediación del padre Roel, Edgardo Salcedo, compañero de Aguirre y Ahe, ofició de monaguillo en la primera misa que un grupo de argentinos celebraba en las islas después de 133 años. Salcedo militó más tarde en Montoneros y fue asesinado el 12 de julio de 1976 por el grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA.
Foto: Guillermo Llamos
“Escudarse detrás de rehenes nos parecía deshonroso, por eso los liberamos. Además, hacerlo no era un mensaje de debilidad sino de fortaleza”, dice Ahe. Por la noche, desde el cerco levantado por los kelpers y los infantes de marina comenzó a sonar música y se encendieron reflectores. Con las banderas argentinas desplegadas sobre el terreno, el grupo de Cabo controlaba al menos seiscientos metros. Luego apareció el comisario de a bordo, Raúl Ferrari, con una intimación del administrador británico para que se rindieran. En el segundo día las posiciones se mantuvieron sin que nadie avanzara. “Sacamos el tema de Malvinas de las gacetillas de Naciones Unidas, de esa nebulosa diplomática, y lo instalamos en la primera plana de todos los diarios; el mundo se enteró de que ahí había un gravísimo conflicto”, afirma Ahe.
A la distancia, el veterano cóndor repasa los diarios de la época y señala que la prensa de Estados Unidos los tildaba de comunistas, mientras que los rusos los caracterizaban de fascistas. Más allá de las calificaciones, apunta Ahe, el Washington Post advirtió que el hecho debía tenerse muy en cuenta, y que si no se resolvía por la vía diplomática, podía desembocar en una escalada nacional por parte de la Argentina. “Estaban avizorando lo que después fue la guerra del 82”, sostiene sobre la cobertura mediática del Post.
El fin de la aventura
La situación se destrabó a partir del Código Aeronáutico argentino, manual de procedimientos que le daba al comandante del avión poder de disciplina sobre la tripulación y de autoridad sobre los pasajeros. Así fue como los cóndores entregaron sus armas al comandante que quedaron en el avión. En la iglesia católica del pueblo sufrieron un forcejeo con un grupo de ingleses que ingresaron a quitarles las banderas, que llevaban enrolladas al cuerpo. El buque de bandera argentina Bahía Buen Suceso arribó el 1 de octubre para llevarlos de regreso al continente. “La entrega en nuestras aguas jurisdiccionales cerró el acto de soberanía”, remarca Ahe. “Nos bajaron como a los veteranos de Malvinas, a las 3 de la mañana, y nos trasladaron a la sede del juzgado de Ushuaia”, completa Aguirre.
Incomunicados, fueron alojados en la Jefatura de Policía. Presagiaron que pasarían largo tiempo en ese pabellón semienterrado de 1880 e iniciaron una huelga de hambre. El gobierno de Juan Carlos Onganía emitió un comunicado donde los caratuló de facciosos y adelantó que iban a ser penados “con todo el rigor de la ley”. También recibieron una demanda de Aerolíneas Argentinas por 14 millones de pesos. Fueron condenados por privación ilegítima de la libertad y tenencia de armas de guerra. La condena de dos años de cumplimiento efectivo quedó firme a los nueve meses de estar en prisión. Justamente, en ese plazo de detención se cumplían los términos para una excarcelación con libertad condicional. Quienes no tenían antecedentes fueron excarcelados. Quedaron presos Giovenco, Cabo y Juan Carlos Rodríguez, todos con antecedentes por haber sido presos políticos. En Buenos Aires, los liberados pactaron luchar por el retorno de Juan Domingo Perón, exiliado en España.
--A 46 años de la Operación Cóndor, ¿qué significa Malvinas para ustedes?
F.A.: --Hoy, más que nunca, Malvinas es un hecho que seguimos reivindicando y valorando por haber tenido la suerte de participar, porque no todos los compañeros que tenían el mismo objetivo pudieron hacerlo. Espero verlas bajo soberanía argentina. Y si así no fuere, me llevo el íntimo convencimiento que más pronto que tarde se va a dar.
R.A.: --Malvinas es una causa nacional para nosotros y para las generaciones posteriores. Es toda la aspiración de soberanía que necesitamos para convertirnos en un país independiente. Significa todo aquello que no hemos podido conseguir en el rubro económico, en el robo que se ha hecho de nuestros recursos naturales. Recientemente, los ingleses declararon una zona de protección ambiental, alrededor de las Georgias y Sandwich del Sur, de miles de kilómetros cuadrados. Eso se acerca a su intención de explotar los recursos de la Antártida.
Publicado en la edición de abril de la revista Caras y Caretas
lunes, 26 de marzo de 2012
Brasil ante la verdad y la justicia
Gentileza CELS
EL MUNDO › ENTREVISTA CON PAULO ABRAO, SECRETARIO DE JUSTICIA Y PRESIDENTE DE LA COMISION DE AMNISTIA
Brasil ante la verdad y la justicia
Abrao analizó los escollos que tiene Brasil ante la formación de la Comisión de la Verdad y la investigación de los delitos del pasado. Señaló que “no hay perspectiva de que se lleven adelante amplios juicios como en Argentina”.
Por Adrián Pérez
Dilma Rousseff comenzó su segundo año de mandato enfrentando la embestida de un grupo de militares que se oponen a la política de derechos humanos impulsada desde el Palacio del Planalto. El primero en disparar sobre la jefa de Estado fue el general Luiz Eduardo Rocha Paiva. “Eso es lo que se dice, pero yo no sé”, dudó el oficial al ser consultado por la señal televisiva O Globo sobre las torturas que la mandataria recibió durante la dictadura. Otros colegas de Rocha Paiva fustigaron a la Presidenta por no poner a raya a la ministra de Derechos Humanos, Maria do Rosario Nunes, y a la titular de la cartera de Políticas para la Mujer, Eleonora Menicucci (ambas funcionarias pidieron revisar la Ley de Amnistía). Los militares retirados cargaron además contra la Comisión de la Verdad por considerar que “alienta el revanchismo” y “amenaza la paz y la conciliación”. "Alerta a la Nación. Que vengan, por aquí no pasarán", desafiaron en un comunicado. El ministro de Defensa, Celso Amorim, salió al cruce ordenándoles que publicaran un texto de rechazo al manifiesto, que finalmente fue quitado del sitio web donde había sido publicado.
De paso por Buenos Aires, invitado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y el Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ), el secretario nacional de Justicia brasileña, Paulo Abrão --quien participó además en una charla organizada por Memoria Abierta-- analizó en diálogo con Página/12 el escenario que su país atraviesa ante la inminente formación de la Comisión de la Verdad y la investigación de los crímenes de lesa humanidad. El presidente de la Comisión de la Amnistía se sorprende cuando el cronista le pregunta qué lo empujó a ocuparse de los derechos humanos. "Siempre trabajamos en torno a concepciones políticas de la vida y de la sociedad. En mi caso, opté por entregar mí proyecto de vida a la afirmación de los derechos humanos." También lo motivó el ambiente de injusticia que impera en las calles. "El enemigo principal es la discriminación; esa es la base de la no identificación entre las personas. Combatir la discriminación es trabajar para los derechos humanos", sostiene el funcionario.
Aunque difícilmente los represores terminen tras las rejas por el momento, uno de los mayores retos que presenta el camino tímidamente inaugurado por Luiz Inácio Lula da Silva, que hoy continúa la presidenta Rousseff con más vigor, pasa por determinar si el trabajo de la Comisión de la Verdad podrá avanzar en un terreno minado por las últimas manifestaciones castrenses. De entrada, el secretario de Justicia advierte que es necesario comprender las características de la transición brasileña y que el camino para revisar las cuentas del pasado se estructura por medio de un amplio proceso de resarcimiento. “Las comisiones de reparación actúan desde hace quince años –-apunta Abrão--, fueron creadas por el gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso (N.d.R: la Comisión de Desaparecidos, instituida por el mandatario, probó que la dictadura brasileña había desaparecido cerca de 500 personas), concluyeron en un estado actual de amplia visibilidad de las víctimas y de conocimiento por parte de la sociedad de las graves violaciones cometidas”, afirma. Según el funcionario, la opinión pública brasileña se apropió poco a poco de ese conocimiento de la violencia, generándose un ambiente de indignación. “Los movimientos sociales iniciaron luchas en torno a la búsqueda de Verdad y Justicia, pero es un proceso inconcluso en Brasil”, completa.
--¿Por qué es un proceso inconcluso?
--Con la instalación de la Comisión de la Verdad, por primera vez Brasil tendrá un organismo con prioridad integral para investigar e individualizar las graves violaciones a los derechos humanos. Incluso, la ley concede poderes para que la comisión identifique individualmente las autorías de estos crímenes, cuestión que hasta el momento no había sido posible. Por eso estamos ante un trabajo inconcluso y no sabemos bien cuál será su resultado final.
--No quedan dudas del alcance que tendrá la comisión: podrá investigar y determinar con nombre y apellido quienes cometieron los crímenes, pero no enjuiciarlos.
--En término de juicios, la Corte Suprema brasileña declaró en 2010 que la Ley de Amnistía aprobada en Brasil en 1979 es amplia y bilateral. Es decir, perdona los crímenes políticos cometidos por la resistencia y por los agentes del Estado en la represión. Esta medida representa un obstáculo concreto para la implementación de juicios criminales en Brasil. Luego se instaló un nuevo fallo en la orden jurídica brasileña declarado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en torno al caso Araguaia. La Corte sentenció la invalidez de la Ley de Amnistía brasileña para el caso de los crímenes de lesa humanidad. Después de eso, en Brasil no hubo ninguna decisión de los tribunales expresando opinión en torno a la internacionalización del fallo de la Corte. Ahora, el Ministerio Público Fiscal anunció la apertura de una primera denuncia contra un militar. En materia de juicios, la Corte Suprema deberá manifestarse nuevamente.
--¿Qué resquicio legal utilizaron los fiscales para presentar la denuncia contra el coronel Sebastiao Curió Rodrigues de Moura teniendo en cuenta la vigencia de la Ley de Amnistía?
--La Fiscalía señaló que se trata de secuestros tipificados como crímenes permanentes, y que por cometerse hasta hoy quedan fuera de la esfera de la Ley de Amnistía, que perdona aquellos delitos cometidos hasta 1979. En segundo lugar, se ampararon en la propia jurisprudencia de la Corte brasileña que en dos casos de extradición a Argentina (N.d.R: uno de esos casos fue el del coronel retirado Manuel Cordero, del Ejército uruguayo, reclamado por la Justicia argentina por su participación en el centro clandestino Automotores Orletti, en el marco del Plan Cóndor) entendió que los crímenes de secuestro permanente pueden ser investigados. Y en tercer lugar, se fundamentan en la decisión de la Corte Interamericana. Estos tres argumentos son tesis jurídicas que están siendo presentadas en Brasil y que no estaban en el debate dos años atrás, cuando se produjo la decisión de la Corte Suprema.
--Tomando los argumentos esgrimidos por los procuradores brasileños, ¿qué chances tiene su país de juzgar a los represores?
--Todos los caminos están abiertos. Una posibilidad es que Brasil se convierta en un caso de verdad sin justicia, incluso, integrando el sistema interamericano de protección a los derechos humanos. Un segundo escenario es que se haga justicia con aquellos casos relacionados con desaparecidos y crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, no hay perspectiva de que se lleven adelante amplios juicios donde se juzguen grandes responsabilidades como sí ocurre en Argentina.
--Brasil corre una carrera contra el tiempo si pretende investigar los crímenes cometidos por la dictadura.
--En materia de Justicia transicional, Brasil desarrolla un proceso en forma tardía. Una de las dificultades es el paso del tiempo. En lo político, eso concluye en un perdón popular a las violaciones de derechos humanos. En el aspecto jurídico trae consigo una discusión en torno a la imprescriptibilidad de los crímenes. Aunque existen escollos, percibimos que el ambiente de construcción de la Verdad crece. Las políticas públicas de Memoria se afirman como algo que no tiene regreso: estamos construyendo un memorial en Bello Horizonte como una forma de homenaje a las víctimas; apoyamos el proyecto "Marcas de la Memoria", impulsado por la sociedad civil; tenemos publicaciones con procesos de memorialización en torno de hechos y personajes históricos en todo el territorio nacional.
--Caetano Veloso mencionaba el año pasado, en una entrevista con este diario, que mucha gente piensa que para seguir la tradición brasileña de acuerdos está bien seguir indultando a los responsables de los crímenes. ¿Cuál es la raíz del perdón popular que usted menciona?
--La movilización de la sociedad no está en niveles similares a lo que ocurre por aquí. El sentido común indica que existe una idea de olvido. Pero desde 2007 se trabaja con proyectos gubernamentales para establecer, como precepto, que la memoria debe ser la base fundante de una sociedad que pretenda no repetir en el futuro los errores del pasado. Y la idea de que una sociedad construida hoy a partir del olvido será siempre una sociedad injusta. Una encuesta señaló que el 75 por ciento de la sociedad brasileña no conoce la Ley de Amnistía y no participa en el debate público en torno de sus efectos en la protección de los derechos humanos. Esto representa un desafío concreto.
--Precisamente, ¿cuáles son los alcances de Ley de Amnistía?
--Indica que no se puede abrir ninguna investigación penal sobre las conductas de los represores, sean crímenes contra el orden democrático, persecuciones a las personas, detenciones arbitrarias y encarcelamientos sin autorización judicial, expulsiones de las universidades o el compelimiento a la vida clandestina y al exilio. Todo eso estaría perdonado. Incluso crímenes más graves como torturas, asesinatos, abusos sexuales, desapariciones y masacres. Es un dispositivo legal que obstaculiza el ambiente de Justicia. A partir de eso, las víctimas y el movimiento de derechos humanos intentan alinear a Brasil con los preceptos universales, que indican el rechazo a cualquier perdón para los crímenes de lesa humanidad. Es una verdadera batalla jurídica que se configura como una tercera fase de la lucha por la Amnistía en Brasil.
--Avanzar en el juzgamiento de los responsables, con 400 militares que se oponen abiertamente a que la Ley de Amnistía sea derogada, parece una lucha casi perdida.
--No tengo ninguna duda de que estas manifestaciones ocurren en un ambiente de profundo respeto a las instituciones democráticas, como demarcación en torno a una justificación de las atrocidades del pasado. No es casual que estas expresiones se produzcan ante la inminente instalación de la Comisión de la Verdad. No es ingenuo percibir que habrá un contexto de disputa por la memoria. Esos actos son una forma de establecer una narrativa oficial, por parte de los represores, que crean un escenario de negación de la verdad y de justificación de la violencia, como si se estuviesen preparando para una situación de escucha pública y denuncia, que la Comisión de la Verdad permitirá, hasta constituirse en una institución donde las víctimas puedan tener la confianza de romper con el silencio como reflejo de los traumas que viven hasta hoy. En este sentido, la Comisión de la Verdad abre una nueva perspectiva.
--¿De perspectiva estamos hablando?
--Tendrá el poder de convocar a quienes participaron en la represión, tanto en la sociedad civil como entre los militares, para que presten toda la información necesaria. Por eso la Comisión de la Verdad asume un rol estratégico de afirmación de la Memoria y del proceso de reparación en Brasil.
--¿Qué elementos impiden que se conozca la verdad?
--Una de nuestras dificultades se relaciona con la falta de acceso a los archivos específicos de los centros de comando que actuaron en la represión. Eso permitiría identificar la cadena de responsabilidades. Estos documentos no están disponibles y los pocos que sí lo están no aportan información suficiente.
--La Comisión de la Verdad tendrá dos años para reclamar documentos públicos, indagar a testigos y solicitar análisis forenses para identificar restos de desaparecidos. ¿Ese plazo es suficiente para investigar los delitos cometidos por la dictadura?
--Todo depende del staff administrativo creado para ayudar a la comisión. En Argentina, la Conadep tuvo nueve meses para entregar su informe para un número superior de desaparecidos que en Brasil. No creo que el problema esté en su tiempo de mandato. Si fuera necesario, ese plazo podría ampliarse en el futuro. En verdad, depende de una estructuración metodológica que posibilite la construcción de frentes de investigación en diferentes temas, donde participen historiadores, politólogos, defensores de derechos humanos y especialistas en documentos que trabajen full time en la entrega del informe final.
--¿Cómo se inscriben los organismos de derechos humanos en este entramado?
--Pueden ser invitados por la Comisión a integrarse en la estructura formal y contribuir con un cúmulo de informaciones que registraron a lo largo del tiempo. O por medio de una serie de comités de la sociedad civil que están siendo instalados en varios estados federales, entregando documentos, sistematizando denuncias y fiscalizando los trabajos de la Comisión.
--¿Qué otras funciones tendrá a su cargo la Comisión de la Verdad?
--Otra de sus tareas será establecer indicaciones para reformas institucionales en los organismos de seguridad. Esto me parece muy importante porque conecta íntimamente la idea de que las violaciones del pasado están relacionadas con las violaciones del presente; que la tortura no investigada del pasado es la tortura de hoy. Esta perspectiva está en los temas principales que remiten a una reforma de la policía o del sistema judicial.
--En materia de políticas de derechos humanos, ¿cuáles son las similitudes y diferencias entre el gobierno de Lula y el de Dilma?
--Hay un contexto de continuidad. Obviamente, se trata de un nuevo gobierno con otros actores. Todas las conquistas, en término de participación de la sociedad en la definición de políticas públicas, son legados que se arraigaron en la cultura gubernamental y no hay espacio para retrocesos. En Brasil hay un ambiente muy positivo, donde la cuestión de derechos humanos está por encima de los colores partidarios.
--¿Y dónde se observan esas continuidades?
--En el modo participativo de gestionar las políticas públicas. Todas las grandes áreas de derechos humanos en Brasil están enmarcadas en un consejo plural, con amplia representatividad, que define las direcciones y los planos a seguir en cada período. Esto es un elemento fundante. En segundo lugar, nuestra Constitución es bastante garantista en términos de declaración de derechos. En tercer lugar, todos los gobiernos trabajaron en la ampliación de las condiciones administrativas para la protección, la promoción y la construcción de nuevos derechos por medio de procesos facilitados a los organismos de derechos humanos, presentes en casi todos los ministerios, arraigando en la cultura tecnocrática brasileña la idea de que los derechos humanos son transversales y deben ser fundamento para el desarrollo del ámbito económico, judicial, comunicacional y de defensa.
--¿Cuáles son las asignaturas pendientes de Brasil con los derechos humanos?
--Falta mucho por hacer. Hay amplios sectores de la sociedad brasileña apartados de la vida económica digna. Somos un país continental donde todas las políticas que se plantean tienen que asumir una escala muy larga. Debemos incorporar a esos sectores postergados a un contexto de respeto por los derechos humanos. Cuando lleguemos a un escenario de menor desigualdad social, como el que estamos consiguiendo ahora, los desafíos serán otros, sean por cambios tecnológicos, culturales, económicos o políticos. Pero la perspectiva de los derechos humanos apunta a una idea de perennidad en el tiempo mucho mayor del que se piensa.
--¿Por qué?
--Porque la base social es fundada en la idea de reconocimiento de unos con otros. Para que eso ocurra es necesario respetarnos recíprocamente. Al modificarse las condiciones estructurales de la vida social, las circunstancias de la convivencia y del respeto recíproco también se transforman. Y por tanto, nuevos desafíos se abrirán en el futuro. Imaginemos el campo de la bioética, los cambios climáticos, la integración de los pueblos o la afirmación de respeto a todas las culturas. En el mundo aún vivimos a partir del Estado nacional, sólo que esto puede cambiar en el futuro. Es una dinámica que no se puede descartar en el proceso histórico. A veces, los pueblos trabajan con una perspectiva de mayor integración, superando las diferencias, y en otros ciclos las diferencias son demarcadas como propia condición de la relación con el otro. Esto resulta de la dinámica de la convivencia social, y los derechos humanos son la base central de esa dinámica.
lunes, 19 de marzo de 2012
Mujeres enjuiciando a militares
Imagen: Sergio GoyaLunes, 19 de marzo de 2012
Mujeres enjuiciando a militares
Por Adrián Pérez
--La mujer ocupa un lugar importante en los juicios de lesa humanidad en Uruguay. Está usted, las fiscales Guianze Rodríguez y Ana María Tellechea, y las abogadas Pilar Elhordoy y María del Carmen Salazar. Estamos ante una sensibilidad especial en la escucha de los testigos y en el desarrollo de los juicios, en un ambiente penal dominado por hombres.
–Sí. Por otro lado, también hay un choque muy grande. A los militares les resulta incómodo que las mujeres estemos enjuiciándolos. Cuando comenzaron las denuncias de violaciones, se me pidió a mí que tomara los testimonios de más de 30 mujeres. No pude hacerlo porque no había conexión con las causas que estaba llevando adelante. Trato de que el testigo o la víctima se sienta lo mejor posible, de evitar la revictimización. En mi trabajo intento siempre que quien declara, sea víctima o indagado, pueda sentir que es escuchado y se consignen sus dichos. Yo misma tipeo las declaraciones.
–¿Existen registros sobre las violaciones a mujeres detenidas durante la dictadura?
–No hay nadie que se haya sentado a sistematizar las denuncias y la cantidad de víctimas, más allá de la cantidad de muertos, detenidos y desaparecidos. Cuando estás tomando declaración a una mujer, ante la pregunta acerca de si fue violada capaz que te dice que no y es sí. Pero no me puedo meter en el fuero íntimo de esa persona y forzarla a que lo diga para registrarlo.
“El proceso penal uruguayo es lento”
“Hay un encasillamiento que me ubica como una persona de izquierda. Si lo soy o no, no le importa a nadie.”Imagen: Sergio Goya
Lunes, 19 de marzo de 2012
EL MUNDO › MARIANA MOTA, JUEZA QUE INVESTIGA LOS DELITOS DE LA DICTADURA
“El proceso penal uruguayo es lento”
En febrero de 2010, gracias a la actuación de Mota, el ex dictador Juan María Bordaberry fue sentenciado a 30 años de prisión. La jueza critica al gobierno de su país por no hacer más por el esclarecimiento de los delitos del pasado.
Por Adrián Pérez
Las chimeneas humeantes transpiran el rezago industrial mientras un grupo de pescadores amarran sus barcos al muelle de La Boca. Paisaje portuario, mural de Benito Quinquela Martín, asoma detrás de Mariana Mota, en la planta principal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. “La última vez que me sacaron fotos fue en la audiencia de recusación –recuerda la jurista uruguaya–. No estoy acostumbrada a esto”, agrega ante el pedido del reportero gráfico para hacer un retrato. La magistrada viajó a Buenos Aires, invitada por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y el Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ), para volcar su experiencia como jueza penal de séptimo turno en Montevideo, donde investiga los delitos cometidos por la dictadura. El miércoles, al finalizar su participación en las jornadas “Hacer Justicia: nuevos debates sobre el juzgamiento de crímenes de lesa humanidad”, la abogada conversó con Página12 sobre el estado de los juicios, el rol de la mujer en la Justicia uruguaya y la persecución mediática que padeció en su país.
“Hay un encasillamiento que me ubica como una persona de izquierda. Si lo soy o no, no le importa a nadie. Fui gremialista estudiantil, que no es lo mismo que una vinculación política partidaria que no tuve”, argumenta Mota. En una entrevista reciente, el diario uruguayo El Observador le preguntó si era militante de la Unión de Jóvenes Comunistas de Uruguay (UJC). La mirada de la jueza atraviesa el ventanal del hall de la facultad. Profuso, el Río de la Plata corre más allá, tapado por el cemento de la urbe porteña. El primer expediente que tramitó tenía, como principal imputado, al presidente de facto Juan María Bordaberry. La querella lo acusó de atentar contra la Constitución y de cometer crímenes de lesa humanidad. En febrero de 2010, gracias a la actuación de Mota, el ex mandatario fue sentenciado a 30 años de prisión. En ese momento fueron hallados los primeros restos de desaparecidos: los del escribano Fernando Miranda fueron encontrados en el Batallón 13; el cuerpo del sindicalista Ubagesner Chávez Sosa apareció en una chacra de Pando en manos de la Fuerza Aérea. Ambos militaban en el Partido Comunista de Uruguay (PCU). En la causa por esos asesinatos, la magistrada cambió la calificación de homicidio, dictada por la jueza Graciela Gatti, su antecesora, por desaparición forzada de persona. Bordaberry murió el año pasado sin recibir sentencia en segunda instancia.
--¿Qué pasó con el expediente de los militantes del Partido por la Victoria del Pueblo, Gustavo Edilson Insaurralde y Nelson Rodolfo Santana Scotto, desaparecidos en Paraguay en el marco del Plan Cóndor?
--Hubo una solicitud de extradición de Paraguay tramitada por otro juzgado. Entonces, reclamamos que nos pasaran las actuaciones. Los archivos del Terror, documentación enviada desde Paraguay y los testimonios de testigos que viajaron desde Argentina nos ayudaron a probar la responsabilidad del coronel Carlos Calcagno, que actuaba en la Compañía de Contrainformación e Inteligencia. Junto a militares paraguayos participó en los interrogatorios en Asunción. Insaurralde y Santana fueron trasladados luego al Centro Clandestino Club Atlético en un avión de la Armada argentina. No tenemos la certeza de que hayan desaparecido en un traslado clandestino posterior. Pero por la mecánica desplegada durante el Plan Cóndor, es probable que así haya sucedido. Calcagno fue procesado como coautor de esas desapariciones.
--El Tribunal de Apelaciones uruguayo confirmó, en ese caso, la sentencia de desaparición forzada.
--La fiscal actuante en el caso, Mirtha Guianze Rodríguez, había pedido esa calificación. Esa es la única sentencia en Uruguay que mantiene la tipificación de desaparición forzada, con la connotación que tiene como delito de lesa humanidad.
–¿Por qué la calificación de desaparición forzada, en la jurisprudencia uruguaya, tiene un alcance limitado?
–En Uruguay se consagró el delito de desaparición forzada en 2006 por la ley 18.026. Es un delito de ejecución permanente; se continúa cometiendo en el tiempo hasta que se determine el destino del detenido-desaparecido y aparezca el detenido o sus restos. En estos casos, dado el largo tiempo transcurrido, se trataría de la aparición de sus restos. Al continuar ejecutándose en el tiempo, luego del año 2006 corresponde que se aplique el régimen legal vigente, es decir, la Ley 18.026, y se califique como desaparición forzada. Otros juzgados y tribunales consideran –a mi juicio, erróneamente– que al regir en el inicio del delito otro régimen legal, que no tenía esta figura penal, no corresponde su aplicación.
--¿Qué pasó con los crímenes cometidos durante el gobierno de facto de Bordaberry?
--La Suprema Corte de Justicia dictaminó que la Ley de caducidad era inconstitucional en esos casos, lo que me permitió comenzar a trabajar. Estamos hablando de casi veinte homicidios; cada uno de esos asesinatos es una causa diferente.
–Quienes defienden el terrorismo de Estado afirman que su país vivió una “dictablanda”.
–Además de los muertos, desaparecidos y presos políticos, toda la gente era controlada. Uruguay pasó a tener el nivel más alto de presos políticos per cápita de Latinoamérica. Con 7 mil detenidos, un 32 por ciento de los uruguayos estuvo en prisión en dictadura. Según un informe de Amnistía, uno de cada cincuenta uruguayos había sido interrogado. Los funcionarios públicos eran calificados según su vinculación con organizaciones sociales o políticas que fueron ilegalizadas. De acuerdo con esa valoración, eran pasibles de destitución. Los despidos se sucedieron durante toda la dictadura, incrementando un elevado número de uruguayos exiliados.
–¿Qué recuerdos guarda de esos años?
–Cursé primaria y secundaria en dictadura. Recuerdo qué profesores habían sido echados. La gente podía enterarse de lo que estaba pasando en la realidad si tenía algún pariente preso o desaparecido. La censura era absoluta.
–También quisieron recusarla por participar en la marcha del silencio, que se organiza cada 20 de mayo en Montevideo.
–Un periodista del semanario Búsqueda publicó que había hablado en la marcha con un abogado de causas por derechos humanos. Efectivamente estuve conversando con él como puedo hacerlo en el juzgado o con cualquier persona. No puedo tener prohibida la palabra con nadie. Como consecuencia de ello, la Suprema Corte me dio una copia del artículo, y me pidió que hiciera un informe en 24 horas.
–¿En qué causas intervenía usted en ese momento?
–En la investigación por el asesinato de Ubagesner Chávez Sosa, donde estaba condenado Bordaberry como co-autor y había dos militares procesados: Jose Araujo Umpiérrez y Enrique Ribero. Y estaba trabajando en la causa por la desaparición de Horacio Gelos Bonilla, obrero de la construcción que además era militante comunista. Los abogados pidieron que me apartara de esas causas.
–¿Bajo qué argumento pidieron eso?
–Dijeron que había cometido delito al manifestarme políticamente y que debían excluirme de continuar conociendo en las causas. Antes que eso, cuando proceso a Calcagno, como no estaban de acuerdo con la tipificación del delito, el ex presidente Balle y el ex vicepresidente Gonzalo Aguirre fueron a hablar a la Corte para que me sancionaran. Señalaron, ante la prensa, que era una jueza hitleriana. La Corte no me sancionó, pero dijo que había faltado a la ética judicial, cuando en realidad la marcha es convocada por organizaciones sociales y de derechos humanos, sin ningún tinte político.
–¿Cómo analiza el apoyo del gobierno uruguayo al proceso de Verdad y Justicia en su país?
–No hay una promoción de los derechos humanos para que esta situación, que es nacional y nos marcó a todos, se esclarezca. Es bien diferente al gobierno argentino en esa materia. Mujica y el ministro de Defensa fueron rehenes de la dictadura. Tal vez por eso no puedan ver con objetividad un proceso dictatorial que los tuvo como víctimas.
--¿Puede trazar un puente entre el estado de las causas en Uruguay y Brasil?
--Estamos un poco más adelante que Brasil, que recién hoy está empezando a investigar los delitos por los cuales fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Nosotros comenzamos en 2005 y hoy hay alrededor de veinte militares procesados.
–¿Cuáles son los avances en Uruguay sobre la participación civil en la dictadura?
–Juan Carlos Blanco, ex ministro de Relaciones Exteriores uruguayo, fue sentenciado a veinte años de prisión por la desaparición y asesinato en 1976 de la maestra Elena Quinteros. Es el único civil condenado (N. de R.: el Tribunal de Apelaciones confirmó esa sentencia el mes pasado).
–En 2005, un grupo de arqueólogos de la Universidad de la República excavó en una chacra de Pando, perteneciente a las fuerzas armadas, para buscar restos de desaparecidos. El documental Las manos en la tierra registra ese proceso.
–Ese trabajo rescata la voz de los arqueólogos, de los hijos de las víctimas y de la fiscal Guianze Rodríguez. El enfoque del arqueólogo López Mas es interesante: expresa que la tierra habla cuando están buscando a los desaparecidos. Aparece el testimonio de Macarena Gelman, quien todavía busca a su madre, y de Valentina Chávez, la hija de Ubagesner Chávez Sosa. Javier Miranda, hijo del escribano Fernando Miranda, señala cómo el hecho de recuperar los cuerpos repara, pero muy poquito, porque, en realidad, la destrucción es haberte quitado al familiar en vida. Y Guianze Rodríguez analiza lo difícil de la investigación cuando existe un pacto de silencio.
–¿Qué elementos rescata de los testimonios recogidos en las audiencias?
--Las secuelas psicológicas y físicas son indescriptibles. Las relaciones antagónicas que quedaron entre padres e hijos. El destrozo en la psiquis que quedó en cada uno, porque esa fue deliberadamente la intención de los militares cuando no los mataban. Hay personas que vienen y te dicen: “Nunca conté esto antes”. Otro componente es la sensibilidad que te genera la gente cuando deposita su expectativa, que es también en relación a cualquier victima de cualquier delito. Pero en este caso la actuación judicial fue demorada por años. Es muy difícil no defraudarlos en cuanto a la función del poder judicial. El proceso penal uruguayo es lento y el paso del tiempo contribuye a que eso pase. El declarar después de tantos años permite a las víctimas liberarse de una carga emocional muy grande.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






